El movimiento de justicia ambiental apareció de manera espontánea en
diferentes lugares durante la década de 1980. En su libro FROM THE
GROUND UP ("DE ABAJO HACIA ARRIBA"), los autores Luke Cole y Sheila
Foster comparan el movimiento con una serie de riachuelos que se juntan
para formar un río más grande [1]. Ellos ven el movimiento como algo
que abarca los derechos civiles y el racismo ambiental; el movimiento
contra los tóxicos (salud ambiental); las luchas indígenas por la
tierra, la soberanía y la supervivencia cultural; el movimiento
sindical por un lugar de trabajo más seguro; un grupo de académicos que
comenzaron a investigar la contaminación desproporcionada de ciertas
comunidades basándose en la raza y la clase social; y unos pocos
ambientalistas legales/científicos tradicionales. (Ver también REHN
#744.)
En este número quiero mencionar un tema tabú: el asunto de la raza
dentro del movimiento de justicia ambiental. Quiero hacerlo debido a
que pienso que la raza está creando malentendidos, los cuales pueden
impedirnos que trabajemos juntos de manera eficaz.
En las mentes de algunas personas la "justicia ambiental" sólo trata
del racismo ambiental pero personalmente creo que la lucha por la
justicia no SOLO tiene que ver con la raza -tan serio como es el
racismo en este mundo, especialmente dentro de los E.U.A. Pienso que la
justicia ambiental es acerca de la dominación, la explotación y la
injusticia de muchas clases, con muchas caras diferentes. Si mantenemos
la definición estrecha, que la justicia ambiental es igual al racismo
ambiental, entonces el movimiento pudiera darle la espalda a un gran
número de aliados y aliados potenciales, disminuyendo enormemente la
probabilidad de ganar poder político en la sociedad general.
Debo reconocer la preocupación válida de que, si la "justicia
ambiental" incluye a las personas blancas, entonces la gente blanca
tenderá a dominar el movimiento y recibirá la mayor parte de los fondos
disponibles, los cuales son escasos como mucho.
El panorama del financiamiento es de hecho sombrío. Como lo mostró
Daniel Faber, las donaciones filantrópicas anuales en los E.U.A.
totalizan aproximadamente $22 mil millones; de esto, 5,4% o $1,23 mil
millones van al "medio ambiente" incluyendo la asistencia a los
animales y los animales silvestres; de estos $1,23 mil millones sólo
$49 millones (o 4%) van a la "justicia ambiental" usando la definición
amplia del movimiento [2, págs. 32-33]. El otro 96% va al movimiento
ambientalista legal/científico tradicional y a las organizaciones
protectoras de los animales. Para poner los $49 millones en
perspectiva, notamos que los cinco grupos centrales del movimiento
ambientalista legal/científico (National Wildlife Federation, National
Audubon Society, Sierra Club, Environmental Defense y Natural Resources
Defense Council) tienen presupuestos anuales cuya suma asciende a $325
millones (provenientes de la suma de todas las fuentes de ingreso, no
sólo de la filantropía) [3]. Cuando identificamos el individuo con el
mayor sueldo en cada una de estas cinco organizaciones y sumamos su
paga anual, el total es $1,4 millones o 2,8% de los $49 millones
disponibles para todos los grupos de justicia ambiental en el país. En
otras palabras, los grupos ambientalistas legales/científicos están
recibiendo financiamiento substancial mientras el movimiento de
justicia ambiental debe pelearse por las migajas que pudieran caer de
la mesa filantrópica. Dados los logros pioneros del movimiento de
justicia ambiental, los cuales discutiré en detalle en el próximo
número, este desequilibrio de los fondos es incluso escandaloso.
Así que la carencia de recursos es probablemente la mayor fuente de
tensión racial dentro del movimiento. Pero hay otro asunto,
estrechamente relacionado, que también crea tensión racial y
desconfianza dentro del movimiento, principalmente debido a que rara
vez es discutido e incluso reconocido por las personas blancas: el
privilegio blanco.
Una escritora blanca, Peggy McIntosh de Wellesley College, publicó sus
reflexiones personales sobre el privilegio blanco en su trabajo
universitario. Ella dice: "...Como una persona blanca, me di cuenta que
me habían enseñado que el racismo es algo que pone a otros en
desventaja, pero se me había enseñado a no ver uno de sus aspectos
corolarios, el privilegio blanco, el cual me pone a mí en ventaja" [4].
McIntosh continúa: "...he llegado a ver el privilegio blanco como un
paquete invisible de bienes no ganados que sé que voy a recibir cada
día, pero acerca del cual estaba 'supuesta' a hacer caso omiso. El
privilegio blanco es como una mochila invisible e ingrávida con
provisiones, mapas, pasaportes, códigos, visas, ropas, herramientas y
cheques en blanco especiales".
En su trabajo académico, McIntosh ha venido estudiando el privilegio
masculino. La misma dice: "...Después de que me di cuenta del alcance
al cual los hombres funcionan desde la base del privilegio no
reconocido, comprendí que gran parte de su conducta opresora era
inconsciente. Entonces recordé las frecuentes acusaciones de mujeres de
color de que las mujeres blancas que ellas encuentran son opresivas.
Comencé a entender por qué somos vistas justamente como opresoras,
incluso cuando nosotras mismas no nos vemos de esa forma. Comencé a
contar las formas en las que yo disfruto del privilegio no ganado de la
piel y he sido condicionada a hacer caso omiso acerca de su
existencia". He aquí los primeros 25 puntos que McIntosh enumera:
1. Puedo, si lo deseo, arreglármelas para estar en compañía de gente de
mi raza la mayor parte del tiempo.
2. Si tuviera que mudarme, puedo estar bastante segura de que podré
alquilar o comprar una vivienda en un área que pueda pagar y en la cual
quisiera vivir.
3. Puedo estar bastante segura de que mis vecinos en un lugar como ése
serán neutrales o agradables conmigo.
4. Puedo ir de compras sola la mayoría de las veces, bastante
convencida de que no seré seguida ni molestada.
5. Puedo encender la televisión o abrir el diario en la primera página
y ver personas de mi raza ampliamente representadas.
6. Cuando se me cuenta acerca de nuestra herencia nacional o acerca de
la "civilización", se me muestra que personas de mi color la hicieron
lo que es.
7. Puedo estar segura de que a mis hijos se les dará materiales
curriculares que testifiquen la existencia de su raza.
8. Si quiero, puedo estar bastante segura de encontrar a alguien que
publique este trabajo sobre el privilegio blanco.
9. Puedo entrar en una tienda de música y contar con que voy a
encontrar música de mi raza, puedo entrar en un supermercado y
encontrar los alimentos básicos que corresponden a mis tradiciones
culturales, puedo entrar en una peluquería y encontrar a alguien que
pueda manejar mi cabello.
10. Si uso cheques, tarjetas de crédito o efectivo, puedo contar con
que el color de mi piel no tendrá un efecto contraproducente sobre la
apariencia de mi responsabilidad financiera.
11. La mayor parte del tiempo puedo arreglármelas para proteger a mis
hijos de personas a las cuales pudieran no gustarles.
12. Puedo decir palabrotas, o vestirme con ropa de segunda mano o no
responder cartas sin que las personas atribuyan estas decisiones a la
mala moral, la pobreza o el analfabetismo de mi raza.
13. Puedo hablar en público a un grupo masculino poderoso sin poner mi
raza en juicio.
14. Puedo salir bien de una situación desafiante sin ser llamada 'un
crédito' para mi raza.
15. Nunca se me pide hablar por todas las personas de mi grupo racial.
16. Puedo hacer caso omiso al lenguaje y las costumbres de las personas
de color, que constituyen la mayoría de los habitantes del mundo, sin
sentir en mi cultura ninguna pena por tal olvido.
17. Puedo criticar a nuestro gobierno y hablar de cuánto le temo a sus
políticas y conducta sin ser vista como una intrusa cultural.
18. Puedo estar segura de que si pido hablar con "la persona encargada"
veré a una persona de mi raza.
19. Si un policía de tránsito me detiene, o si el Servicio de Rentas
Internas hace una auditoría de mis impuestos, puedo estar segura de que
no he sido escogida debido a mi raza.
20. Es fácil conseguir pósters, postales, libros con ilustraciones,
tarjetas de felicitación, muñecas, juguetes y revistas de niños que
presenten personas de mi raza.
21. Puedo ir a casa después de la mayoría de las reuniones u
organizaciones a las que pertenezco sintiéndome vinculada en lugar de
aislada, fuera de lugar, en minoría, no escuchada, tratada a distancia
o temida.
22. Puedo tomar un trabajo con un empleador de acción afirmativa sin
que mis compañeros de trabajo sospechen que me lo dieron por mi raza.
23. Puedo escoger alojamiento público sin temer que las personas de mi
raza no puedan entrar o sean tratadas mal en los lugares que yo haya
escogido.
24. Puedo estar segura de que si necesito ayuda legal o médica mi raza
no tendrá un efecto contraproducente.
25. Si mi día, semana o año es malo, no tengo que preguntarme si cada
episodio o situación negativa tiene alusiones raciales [4].
McIntosh saca una conclusión que me parece crucialmente importante.
Dice: "Yo olvidé repetidamente cada uno de los puntos en esta lista
hasta que los escribí. Para mí, el privilegio blanco ha resultado ser
un tema escurridizo y fugitivo. La presión para evitarlo es grande, ya
que al enfrentarla debo renunciar al mito de la meritocracia. Si estas
cosas son ciertas, este no es un país tan libre; la vida de una persona
no es lo que uno hace de ella; muchas puertas se abren para ciertas
personas mediante ninguna virtud propia".
McIntosh continúa: "...En la misma proporción en la que mi grupo racial
estaba adquiriendo confianza y comodidad y se estaba volviendo
olvidadizo, era probable que otros grupos perdieran la confianza y la
comodidad y que se sintieran alienados. El ser blanca me protegió de
muchas clases de hostilidad, aflicción y violencia, sin embargo estaba
siendo entrenada sutilmente para, al mismo tiempo, cometer actos
similares contra la gente de color..."
"Muchos, quizás la mayoría, de nuestros estudiantes blancos en los
Estados Unidos piensan que el racismo no los afecta debido a que no son
personas de color; ellos no ven el 'ser blanco' como una identidad
racial. Además, en vista de que la raza y el sexo no son los únicos
sistemas de ventajas que están funcionando, necesitamos estudiar la
experiencia diaria de tener ventaja de edad, o ventaja étnica, o
capacidad física, o ventaja relacionada con la nacionalidad, la
religión o la orientación sexual".
"...Además, es difícil desenredar aspectos de ventajas que descansan
más en la clase social, la clase económica, la raza, la religión, el
sexo y la identidad étnica que en otros factores. No obstante, todas
las opresiones están entrelazadas..."
"Un factor parece claro respecto a que todas las opresiones estén
entrelazadas. Ellas toman tanto formas activas, las cuales podemos ver,
y formas plantadas, las cuales como miembros de los grupos dominantes
se nos enseña a no ver. En mi clase y lugar, yo no me veía a mí misma
como racista debido a que se me enseñó a reconocer el racismo sólo en
actos individuales de maldad de miembros de mi grupo, nunca en sistemas
invisibles que desde el nacimiento le confieren a mi grupo la
dominancia racial no buscada..."
"Para rediseñar los sistemas sociales primero tenemos que reconocer sus
enormes dimensiones inadvertidas. Los silencios y las negaciones que
rodean el privilegio son la herramienta política clave aquí. Ellos
mantienen incompleto el razonamiento acerca de la igualdad o la
equidad, protegiendo la ventaja no ganada y la dominancia conferida, y
haciendo que éstos sean temas tabú..."
"Me parece que el olvido acerca de la ventaja blanca, igual que el
olvido acerca de la ventaja masculina, se mantiene fuertemente en la
cultura de los Estados Unidos para sostener el mito de la meritocracia,
el mito de que la escogencia democrática está igualmente disponible
para todos. Mantener a la mayoría de la gente ajena al hecho de que la
libertad de acción confiada existe sólo para un pequeño número de
personas apoya a aquellos en el poder. Esto sirve para mantener el
poder en las manos de los mismos grupos que ya tienen la mayoría del
mismo", dice McIntosh [4].
--Peter Montague
=====
[1] Luke W. Cole y Sheila R. Foster, FROM THE GROUND UP (New York: New
York University Press, 2001; ISBN 0-8147-1537-0).
[2] Daniel R. Faber y Deborah McCarthy, GREEN OF ANOTHER COLOR (Boston,
Mass.: Northeastern University, 2001), pág. 2. Disponible en:
http://www.casdn.neu.edu/~socant/Another%20Color%20Final%20Report.pdf.
[3] La paga (salario, beneficios y gastos de representación) como se
reportó en noviembre de 2001; ver
http://207.36.38.241/01/11/individuaLComp1101.html. Los presupuestos de
las organizaciones están disponibles en www.guidestar.org.
[4] Citado de Peggy McIntosh, "White Privilege: Unpacking the Invisible
Knapsack" (1990). Disponible en
http://www.uwm.edu/~gjay/Whiteness/mcintosh.htm y
http://www.departments.bucknell.edu/res_colleges/socjust/Readings/Mcinto
sh.html y http://modelminority.com/society/whiteprivilege.htm y
http://seas.stanford.edu/diso/articles/whiteprivilege.html y
http://employees.csbsju.edu/jcook/courses/intercultural350/White%
20Privilege.pdf y
http://intra.som.umass.edu/transitions/whiteprivilege.pdf.